Por: Ricardo Otero
Muchas veces podemos generar pensamientos, imágenes, y hasta mundos solo con el sonido de ciertas melodías. Pero en realidad ¿Qué es lo que genera en nuestra psique?.
Reaccionamos a estímulos producidos por la acción de químicos segregados por el cerebro en determinadas situaciones y contextos. Esto es una simple suposición. Pero saber qué es lo que en realidad genera esos mundos en la mente es lo que me inquieta.
Con mucha frecuencia escucho música y podría decir que todo el día llevo en mi cabeza los sonidos retumbantes de las canciones que más se logran adentrar en mi interior. Lo interesante es que hay momentos en los que me desprendo de la realidad en la que vivo. Son segundos en los que puedo separar mi conciencia y logro llevarla a un nivel más allá de lo visible por los ojos ordinarios. Es una facultad increíble escuchar infinidad de combinaciones que utilizan en mí los sonidos. Son como llaves a los candados que atan a los seres ordinarios en esta “simple realidad”.
En realidad los sonidos nos dan una idea de lo que debemos pensar, sentir e incluso imaginar. La música siempre nos sugiere algo, desde una simple exclamación hasta el más profundo de los sentimientos. Esto ha sido simplemente una consecución de lo que se ha pensado para ofrecerla a cierto público.
Alejando la imaginación de esta parte, cada género, cada mezcla de sonido está prediseñada para llegar a una población específica la cual espera con ansia nuevos elementos musicales que tomarán el camino del consumismo.
Lograr una independencia de las imágenes con respecto a los sonidos que las producen, plantea una interesante paradoja porque no sabemos con certeza sí los sonidos son los que estimulan la creación de imágenes y situaciones. Pero ¿la música nos dice qué es lo que debemos crear? O simplemente ¿sirve como un estimulo para nuestras acciones?
Muchos “artistas” necesitan de la música para inspirarse, así generan emociones que están ligadas al sonido que escuchan, ya sean éstos de naturaleza depresiva, melancólica, alegre o de cualquier otra categoría.
Perderse en el infinito mundo de la imaginación es una posibilidad supremamente bella, desde aquel que solo evoca recuerdos, hasta el que puede crear un guión con 2 mil paginas. Esto está sujeto a unas condiciones: la música o los sonidos que se albergan en nuestra psique son hermosos porque agradan y generan algo.
Sin embargo se puede perder el gusto o la fascinación por estas melodías cuando se estudian y se sabe de dónde proviene cada nota, dónde está la melodía y en qué momento agarramos el ritmo. Son estos elementos los que pueden enriquecer o destruir por completo la fascinación a cierta obra musical.
Entonces la decisión de someter a estudio todo aquello que se escucha o la de disfrutar lo que está al alcance, es un acto meramente individual. No niego que cabe la posibilidad del riesgo cuando se somete el gusto particular de algo, a un detallado estudio que podría arrojar datos nada alentadores a nuestra forma de pensar. En efecto, también surge la probabilidad de enriquecer el criterio musical detectando elementos ocultos en cada genero musical. Esto ayuda a abrir la mente y a descubrir nuevos mundos.
La música es un portal que logra transportar al ser melómano a través de multidimensiones, donde se rozan las puertas del cielo y nos damos cuenta que al abrirlas se ocultaba un infierno azul.
Música, sonidos, sueños e ilusiones. La imaginación atrapada en dos notas que se extienden más allá de las paredes púrpuras del universo en forma de pera
Reaccionamos a estímulos producidos por la acción de químicos segregados por el cerebro en determinadas situaciones y contextos. Esto es una simple suposición. Pero saber qué es lo que en realidad genera esos mundos en la mente es lo que me inquieta.
Con mucha frecuencia escucho música y podría decir que todo el día llevo en mi cabeza los sonidos retumbantes de las canciones que más se logran adentrar en mi interior. Lo interesante es que hay momentos en los que me desprendo de la realidad en la que vivo. Son segundos en los que puedo separar mi conciencia y logro llevarla a un nivel más allá de lo visible por los ojos ordinarios. Es una facultad increíble escuchar infinidad de combinaciones que utilizan en mí los sonidos. Son como llaves a los candados que atan a los seres ordinarios en esta “simple realidad”.
En realidad los sonidos nos dan una idea de lo que debemos pensar, sentir e incluso imaginar. La música siempre nos sugiere algo, desde una simple exclamación hasta el más profundo de los sentimientos. Esto ha sido simplemente una consecución de lo que se ha pensado para ofrecerla a cierto público.
Alejando la imaginación de esta parte, cada género, cada mezcla de sonido está prediseñada para llegar a una población específica la cual espera con ansia nuevos elementos musicales que tomarán el camino del consumismo.
Lograr una independencia de las imágenes con respecto a los sonidos que las producen, plantea una interesante paradoja porque no sabemos con certeza sí los sonidos son los que estimulan la creación de imágenes y situaciones. Pero ¿la música nos dice qué es lo que debemos crear? O simplemente ¿sirve como un estimulo para nuestras acciones?
Muchos “artistas” necesitan de la música para inspirarse, así generan emociones que están ligadas al sonido que escuchan, ya sean éstos de naturaleza depresiva, melancólica, alegre o de cualquier otra categoría.
Perderse en el infinito mundo de la imaginación es una posibilidad supremamente bella, desde aquel que solo evoca recuerdos, hasta el que puede crear un guión con 2 mil paginas. Esto está sujeto a unas condiciones: la música o los sonidos que se albergan en nuestra psique son hermosos porque agradan y generan algo.
Sin embargo se puede perder el gusto o la fascinación por estas melodías cuando se estudian y se sabe de dónde proviene cada nota, dónde está la melodía y en qué momento agarramos el ritmo. Son estos elementos los que pueden enriquecer o destruir por completo la fascinación a cierta obra musical.
Entonces la decisión de someter a estudio todo aquello que se escucha o la de disfrutar lo que está al alcance, es un acto meramente individual. No niego que cabe la posibilidad del riesgo cuando se somete el gusto particular de algo, a un detallado estudio que podría arrojar datos nada alentadores a nuestra forma de pensar. En efecto, también surge la probabilidad de enriquecer el criterio musical detectando elementos ocultos en cada genero musical. Esto ayuda a abrir la mente y a descubrir nuevos mundos.
La música es un portal que logra transportar al ser melómano a través de multidimensiones, donde se rozan las puertas del cielo y nos damos cuenta que al abrirlas se ocultaba un infierno azul.
Música, sonidos, sueños e ilusiones. La imaginación atrapada en dos notas que se extienden más allá de las paredes púrpuras del universo en forma de pera